domingo, 27 de enero de 2019

NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA



NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA




Otra noche más sin poder dormir por el molesto ruido de las toses de mi querida abuela.
La pobre de ella llevaba enferma casi un mes, luchando contra viento y marea (1), y yo ya no sabía qué más podía hacer por ayudarla. Sólo era una pobre campesina sin apenas dinero, casi tan pobre como las ratas (2), cosa típica de la época en la que nos encontrábamos.

Mis padres murieron pocos días después de que yo naciera, y desde entonces mi abuela ha sido la que me ha criado y cuidado, y ahora me tocaba hacerlo a mí.
Sabía que era mayor, y que no había nada a mi alcance que pudiera ayudarla, pero yo no podía quedarme de brazos cruzados (3) viéndola cada vez peor. Hasta que un día, una vecina vino a darme una alegría, informándome de que existía una planta que conseguiría curar la enfermedad de mi abuela, pero no hay rosa sin espinas (4), y en mi caso, la parte mala fue que aquella planta milagrosa, estaba a unos 200 kilómetros alejada de nuestro pueblo, prácticamente en el fin del mundo (5).
Cuando supe eso, me derrumbé, ya que esos eran muchos kilómetros para que yo sola, a pie, y sin apenas dinero, consiguiera hacerme con lo que quería. En cambio, sabía que esa era la única forma de ver bien a la persona que me había cuidado durante toda mi vida. Así que afronté el reto, ya que había que encontrar una salida (6), de lo contrario, mi abuela podría acabar estirando la pata (7). Fue una forma de agradecerle lo que había hecho por mí.
Así pues, no demoré más mi partida. A la mañana siguiente, llevé a mi abuela a casa de una vecina para que cuidara de ella durante mi ausencia, cogí todo el poco dinero que tenía escondido, y emprendí mi viaje hacia lo desconocido.


¡Qué miedo tenía al principio! Pero todo esto se calmaba gracias a mi compañero en el viaje, mi pequeño gato Byron. Ese fue el regalo de cumpleaños de mi abuela, el cual me dio diciéndome:
-        -   Cuídalo, porque me temo que será el último regalo que te pueda hacer.
Esa frase me marcó, así que desde entonces Bryon se ha convertido en una parte más de mi.
Iban pasando las horas, y parecía que el camino era tranquilo, y que todo estaba yendo a la perfección, cuando de repente una carroza que pasó al lado nuestro (como tantas otras que lo hacían), se paró. Yo no le di mucha importancia al asunto, hasta que de ella saltaron tres hombres totalmente desconocidos para mí.
-         -   ¿A dónde vas niña?- me preguntó uno de ellos.
-         -   A unas tierras muy alejadas de aquí.- Respondí.
-         -    ¿Y por qué vas tan lejos tu sola?- Volvieron a pregúntame.
-         -    Porque tengo que ir a buscar una planta para curar a mi abuela.- Contesté.
-         -   No podemos dejar irse sola a una chica como tú. Ven con nosotros, será más rápido y seguro.
Mis ojos se abrieron como platos (8)al escuchar aquella propuesta, y no me lo pensé ni un segundo. Contesté que sí, por supuesto, pero antes de que pudiera poner un pie dentro de la carroza, un joven que parecía haber caído de las nubes (9), gritó desatadamente:
-        -    ¡No lo hagas, es una trampa!
Al verle, los hombres se subieron y desaparecieron del lugar, llevándose mi posibilidad de llegar antes a mi destino.
-        -   ¡Pero qué has hecho estúpido!- Le dije enfadada al joven.
-        -   Salvarte la vida, me deberías estar más agradecida.- Contestó chulescamente.
-       -   ¿¡Cómo puedes decir eso ¡? Aquellos hombres sólo querían ayudarme en mi camino.
-       -   ¿Segura? Te voy a explicar lo que iban a hacer contigo:
Una vez estuvieras dentro de su carroza, te iban a sacar todo el dinero que llevaras encima, te iban a atar de pies y manos, y después te encerrarían para hacer que tus familiares pagaran un alto precio por tu rescate.
-       -   ¿Cómo estás tan seguro de eso?
-       -  Verás, no me voy a andar con rodeos (10), es a lo que me dedico. Desde hace años ando sobre los caminos más conflictivos de esta zona, intentando ayudar a muchachas insensatas como tú. Así que, he visto estas situaciones otras muchas veces, y has tenido suerte de que he llegado a tiempo, no siempre pasa igual.
Tenéis que aprender a distinguir, y saber que no es oro todo lo que reluce (11).
Yo, avergonzada por cómo había tratado al chico en un principio, y creyéndome lo que me decía, ya que me hablaba con el corazón en la mano (12), no tuve más remedio que darle las gracias, y prometerle que me iba a andar con más ojo (13) durante el resto del trayecto. Pero al parecer, él no tuvo suficiente con esto, así que como me dio mucho la vara (14)y fue testarudo como una mula (15), no tuve más remedio que aceptar que me acompañara y me ayudarse en lo que necesitara. Además, el joven no era muy feo que digamos, y pensé: a nadie le amarga un dulce (16), ¿no?
Continuamos el viaje, y yo cada vez me quedaba más boquiabierta con todas las historias que me iba contando Lucas. Se convirtió en mi nuevo compañero en esta aventura, y la verdad, es que pensé que cuatro ojos valen más que dos (17).
Empezó contándome anécdotas sobre su infancia, y yo le conté que la mía no había sido como para tirar cohetes (18), ya que para empezar no me había criado ni con mi madre ni con mi padre. Por lo que se veía, nos parecíamos bastante, al igual que dos gotas de agua (19), ya que a él le ocurría lo mismo que a mí, pero la única diferencia era que él ni siquiera había tenido una abuela que le cuidase, pero no quise preguntar nada más, no quería hurgar en la herida (20). Fue por esto que desde pequeño se había tenido que buscar la vida y ganarse el pan (21)por su cuenta, cosa que le ha ayudado mucho para múltiples aspectos de su futuro. Y la verdad, se movía como pez en el agua (22)ante todo lo que nos sucedía.
Después, continuó contándome alguna peleílla que había tenido, en las que siempre salía él victorioso haciendo papilla(23)a su rival, creyéndose el ombligo del mundo(24). Resultó ser un chico muy amable y gracioso, alegre como unas castañuelas (25), que le cayó genial a mi pequeño Byron, y a mí también, aunque siempre se riera de mí cuando al decirme alguna cosa comprometida, se me sonrojaban las mejillas.
Así de bien, a pesar de que lloviese a cántaros (26), pasamos el primer, segundo y  tercer día, el último antes de llegar a mi esperado destino.
Al llegar, Lucas y yo nos separamos para ir preguntando por aquel pueblo la ubicación de la planta, dando con ella a las pocas horas, y quitándome un gran peso de encima(27).
Nos reunimos en la plaza del pueblo para ir juntos al lugar, pero por lo que parecía, Lucas me había dado plantón(28). Pasaron las horas, y yo lo sentía mucho, pero no podía seguir ahí quieta como una estatua (29) sin hacer nada. El tiempo es oro (30). Así que finalmente decidí continuar el camino por mi cuenta, y algo enfadad pensé: más vale sola que mal acompañada(31).
Por el pequeño trayecto, pasaban muchas carrozas con grandes mercancías, pero cada vez que veía una de ellas, yo me apartaba recordando los consejos de mi buen amigo.


Fue entonces cuando lo vi. Vi aquel árbol, más grande que una casa(32), al lado de un pequeño riachuelo, debajo del cual me habían contado que se ubicaba aquello que tanto anhelaba. Corrí a por él llena de emoción, como una flecha(33), y gracias a mi buena vista de lince(34), pude empezar a ver el único brote de la planta que quedaba.
Ese entusiasmo duró poco. Delante de mis narices(35), un caballero me arrebató lo que tantos días llevaba buscando entre ceja y ceja(36), marchándose con ello a galope. Eso fue un golpe muy bajo(37)para mi.
Me inundé de una profunda rabia y pena al mismo tiempo, y le dije adiós(38)a la única esperanza que tenía mi abuela, así que haciendo frente a la situación (39), busqué a Byron para emprender el camino a casa, pero parece ser que mis desgracias no habían terminado. El pequeño gato no estaba por ninguna parte. ¡Lo que me faltaba! Ni mi amigo, ni mi gato, ni la planta. Me había quedado a dos velas(40), sin absolutamente nada.
Deprimida y caminando en soledad, escuché a alguien llamándome a voz en grito(41)a lo lejos, era Lucas, y junto a él, Byron. Empecé a correr hacia ellos, y al agacharme para acariciar a Byron, vi que en su boca llevaba un brote de la planta que yo tanto necesitaba. Qué alegría me pude dar, y que cierto es que después de la tempestad, siempre llega la calma(42).
Cogí aquel pequeño brote entre mis manos, y me juré no desprenderme de él ni por todo el oro del mundo(43).
Fue entonces cuando le pregunté a Lucas:
-       -   ¿Por qué no apareciste a nuestro encuentro?
-       -   Un pajarito me dijo(44) que si quería conseguir esa planta, debía ir corriendo, ya que mucha gente espera ansiosa al primer brote que nace para hacerse con él. Fue por ello que pensé que sería mejor adelantarme a los acontecimientos, y en menos que canta un gallo(45), fui a por ella, y creo que no hice mal en tomar aquella decisión, ¿no crees? – Respondió con tono chulesco. Muy propio de él.
Si ya anteriormente no tenía palabras para agradecerle lo mucho que me había ayudado por el camino, imaginaos después de esto. Creo que en mi estómago volaban las mariposas(46).
¡Qué bien me vino coincidir con él! Nada sucede por casualidad.
El regreso del viaje se pasó volando(47)e iba sobre ruedas(48), a pesar de que hacía un frío de perros(49).
Sólo pensaba en mi abuela y en ayudarle con esta planta que era su única oportunidad.
Y….así fue. Volvió a tener la misma salud de hierro(50)de siempre.
Yo creo que fue el viaje de mi vida, ya que encontré a aquel chico del que acabé enamorada hasta la médula(51), el cual parecía haber nacido con estrella(52),y que gracias a él y a su ayuda , lo que tanto había querido, vivió unos años más entre nosotros, mi querida abuela.



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